
viernes, 30 de septiembre de 2011
Viernes que saben a lunes

martes, 28 de junio de 2011
Estar en las nubes...
Cuando decimos estar en las nubes, nos referimos a ese estado de ensoñación cuando estás despierto. Nos referimos a esa inopia en la que una se sumerge y no hay suficiente café en el mundo para que se despierte. Pero a mi me pasa que también estoy en las nubes incluso cuando sueño (toma ya que guay soy!) . Y eso hace posible un mal descanso con la consecuente "alobaera" durante todo el día. Mis amigos dicen que lo que me suele suceder durante el día no es normal, pero lo que me pasa por la mente una vez cierro los ojos tampoco lo es. Me acabo de unir en facebook a un grupo llamado "sueños que te hacen dudar de tu salud mental". Y es que así me siento yo, persona que intenta racionalizar todo aquello que se pueda racionalizar, intento siempre buscar un por qué a mis sueños: he soñado esto por este motivo, o con aquella persona por esto otro... pero aún así me pregunto... ¿y qué? Por mucho que encuentre la relación entre los sueños y los actos reales de mi vida, siempre me pregunto por qué se quedan en mi subconsciente esos datos y después salen a la luz a modo de sueños. Esa respuesta creo que nunca la tendré. Si Freud no pudo no creo que yo vaya a poder tampoco, ya que aprobé la filosofía en el instituto a base de muchos "cigarritos de la risa", piardas, novillos o pellas varias (como lo quieran llamar) y con una mente bastante fantasiosa. Lo mejor es no pensar el por qué soñamos esas cosas, porque no creo que nunca vayamos a encontrar la respuesta absoluta o que nos convenza. Por eso lo mejor es contárselo a tus amigos, echar unas risas a tu costa, y por qué no, algo que me han sugerido en muchas ocasiones, apuntarlos para que me puedan servir de base para el guión de mi próximo corto. La foto va dedicada a eso de estar en las nubes, pero debido al día de ayer las nubes son de chucherías porque así me alegraron ayer endulzándome la tarde, y por el día de hoy las nubes son de colorines, por todos aquellos que no entienden el día del orgullo. Señores yo estoy orgullosa todos los días del año, el que se dedique un día al año es simplemente para reivindicar la lucha contra la represión, discriminación y rechazo que hemos sufrido y aún sufrimos -hay que recordar que la ley es una cosa y que la mentalidad de la sociedad es otra, y que en muchos países aún se pena con muerte- por el simple hecho de amar a personas de nuestro mismo sexo.
"¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
martes, 21 de junio de 2011
Café a contratiempo

Se vuelve a la rutina, se vuelve al reloj, a que las manillas midan a cada segundo el tiempo que está pasando. Ese tiempo que no vuelve. Según el consejo de un amigo mío, en períodos de vacaciones no llevo reloj, me lo sugirió una vez y cuando lo llevas a cabo engancha y mucho. Ahora día tras día siento que el reloj se adhiere a mi muñeca a modo de grillete y no cada vez lo aguanto menos. Yo siempre he sido de llevar reloj, de controlar el tiempo, de intentar dirigirlo pero sin duda, cada vez que pasan más los días, los meses, los años te das cuenta que es inútil, que el que lo controla todo es él con su tic-tac que a más de una le resulta insoportable.
El hecho es que ahora el reloj va a contratiempo, cada segundo que pasa es uno más que se resta. Sabes que tiene una fecha de caducidad pero eso no quita que no vayas a sentir esa vertiginosa pérdida del tiempo. Mi tío me comentó una vez que la vida son etapas, etapas que empiezan y que acaban. Qué razón tiene.
Sin duda, cada vez soy más consciente que es inútil luchar contra el tiempo. No vuelve, y cada segundo es irrepetible. Pasa rápido, cada año más rápido. Revives acontecimientos que sucedieron en esas mismas fechas en años pasados, pero sabes que no se vuelven a repetir, que son simplemente fantasmas del recuerdo. No eres la misma persona, hoy eres más completo de la experiencia que pasó, no son las mismas circunstancias y no es el mismo tiempo.
En resumidas cuentas, no sé por qué reflexiono últimamente tanto sobre esto. Hoy de camino al trabajo he visto la, esa Plaza de la Libertad como se ha estado llamando durante todo este largo mes, y que hoy estaba vacía. Era inevitable no quedarse mirándola y sintiéndola extraña. Pero uno se acostumbra. Nos acostumbramos a verla como cama para los soñadores que motorizaron el movimiento 15m en Málaga, y supongo que nos acostumbraremos a verla nuevamente vacía. Nos acostumbramos a no volver a ver caras, ni oír voces, nos acostumbramos a circular por el carril bici, a llevar casco, a no fumar en los bares… todo es cuestión de acostumbrarse. Somos seres amoldables (que no conformistas) y supongo que me tendré que amoldar a que sea el tiempo el que controle, pues la acción inversa es totalmente imposible, por lo menos ya no está tanto en mis manos como creía que estaba.
Sólo me queda pensar y aplicar la frase que allá por 2004 leí en un bar de Madrid llamado “Las cuevas de Sésamo” creo recordar, y que decía así:
"No hay cura para el nacimiento y la muerte, excepto disfrutar del intervalo". (Santayana)
sábado, 7 de mayo de 2011
No por mucho madrugar... patada en los cojones

martes, 1 de febrero de 2011
Café tranquilo

Esto es algo que me pasa a menudo, y supongo que al resto de los mortales también. Cuántas veces estamos pensando en otras cosas cuando nos hablan, cuando estamos trabajando, cuando estamos viendo la tele… cuantas veces vamos a los sitios, no paseamos, no miramos a nuestro alrededor.
Alguien me preguntó el otro día si me había subido alguna vez en una de esas mega-montañas rusas de esos mega-parques de atracciones, y me preguntó que qué se sentía, qué como era. Yo le dije que no te enterabas de nada, que lo peor era la subida del primer tramo porque ibas pensando todo el rato que pronto tocaría bajar. Y por supuesto la inminente bajada… después todos esos remolinos, loopings y demás apenas se notan. Van tan rápidos o simplemente porque aún tienes la cabeza en la primera bajada que apenas te das cuenta.
Vivamos la vida conscientes de cada movimiento que hacemos, e incluso que el tiempo que dediquemos para reflexionar, sea sólo para eso.
Disfrutemos la vida, como yo estoy disfrutando este café: saboreándolo, dejando que su aroma impregne la habitación y dejando que su calor haga más amena esta fría mañana.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Café Navideño

Llevo varios días intentado actualizar, pero es que las ideas se me agolpan y las palabras no quieren salir.
Llegó la Navidad, comidas familiares, buenas caras, regalos, apariencia, villancicos. Llegó todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Pero este año todos sabíamos que serían un poco más tristes de lo normal aunque intentásemos disimularlo. Pues bien, no es que no la hayamos echado de menos, es que han pasado tantas cosas que no hemos podido ni parar un momento.
Mi 24 de diciembre comenzó así:
10:00 A la petición de: “Ya que tienes que pasar por mi casa para ir a la reunión, te importa acercarme el regalo de mis padres” y yo contestar que sí. Desviación de camino, aparcamiento, subida escaleras, beso de buenos días, entrega de regalo a sus padres con el encuentro de SU padre en el portal y yo con una bolsa con un regalo dentro: Buenos días.
Baja las escaleras, me dirijo al punto de encuentro.
10:45 No hay nadie.
10:50 Toque a mi jefe en plan “ya he llegado”.
10:55 Llamada de mi jefe diciéndome que qué quiero y que qué hago estando allí tan temprano. Se creía que era una hora menos, sí, como en Canarias.
11:30 Empieza la reunión.
14:30 Termina la reunión.
14:45 Cola del Burguer-Auto (paso de hacer publicidad que no me pagan por eso) para comer algo porque la peluquería la tengo a las 3
15:00 Peluquería.
15:45 camino de esos grandes almacenes (que tampoco me pagan por hacerles publicidad) para ultimar las compras y a recoger mi nueva cámara que ya ha llegado.
16:30 ¡Qué cola para recoger la puta cámara, qué todo el mundo se ha puesto de acuerdo y viene a lo mismo!
16:35 Llamada de mi hermana por si puedo ir a recogerla. Fatalidad al frente (problemas personales, hasta aquí puedo leer)
17:00 Subo para hacer el seguro de mi “camarón de la isla” y me atiende la dependienta-Rudolf, que la alergia la estaba matando y yo con el estrés no daba pié con bolo.
17:35 Me echa más edad de la que tengo y ya no me cae tan bien ¬¬
18:00 Recogida de mi hermana y papelón. Esos momentos en los que no sabes qué decir y sólo te salen comentarios estúpidos para intentar quitarle crispación al asunto.
19:10 Llegada a casa (por fin) damos los regalos, y como suponía mi madre iba a descambiar el mío, no debería de afectarme porque siempre lo hace, en fin.
19:30 –Tienes que recoger a tu abuela que le dije a las 19:00.
- Con lo bien que acababa de aparcar el coche….
20:00 Llegada a casa de nuevo (esta vez de verdad). Mi objetivo: la ducha.
20:30 - Hay que ver que no me has ayudado a preparar nada de la Cena.
Perpleja me muerdo la lengua, a lo mejor mi madre no se ha percatado que acabo de llegar, todo es posible.
20:45 Vemos las actuaciones de Navidad de los alumnos de mi hermana, trae más vino dulce de ese que me regaló mi jefe que aunque llegue tarde a las reuniones, por esto se lo perdono.
21:00 Los 15 minutos más largos de mi existencia, el cámara tenía parkinson y se movía más que “un garbanzo en la boca de un viejo” (expresión malaguita donde las haya).
21:10 Cena. Sí, mi casa tiene que tener algún antecedente anglosajón porque las comidas siempre se hacen a horas muy tempranas.
22:00 Visionado "Especial de Rafael" (¡qué raro!)
22:30 Me tomo un café para aguantar la noche que aún me espera.
23:00 Mi padre llega de trabajar (Bien, ya me puedo ir).
23:05 Convencer a tu hermana de que lo mejor es dormir en casa y así tu no tener que llevarla a la suya que está en la otra punta de la ciudad (20 min en coche) y ya tienes bastante con llevar a tu tío (15 min en coche).
23:10 -¿Me das cobijo para dormir esta noche en tu casa cuándo volvamos de marcha? Si no tengo que dormir en el sofá porque mi casa está over-booking (convencimos a mi hermana)
00:00 De camino en coche hasta mi destino de pernoctación. La sucesión de hechos esperpénticos (cosas que mejor me callo) me hacen pegar gritos y reír a carcajadas mientras voy conduciendo. ¿Qué otra cosa me queda? ¿No me voy a poner a llorar, no?
00:15 Llegada a casa de la persona que más ganas tenía de ver esa noche.
- Hace mucho frío para salir al centro, nos quedamos aquí calentitas y vemos
un capitulillo de “Médium”.
- ¡Vale!
No me lo pensé dos veces, hubiera visto hasta el Sálvame con tal de un poquito de tranquilidad.
En fin. Qué Feliz Navidad a todos. O Feliz Falsedad (como decía el villancico de Ska-p). Yo me siento como en las novelas de Valle-Inclán, con mis Navidades esperpénticas, qué cosas más raras están pasando… sin dudas unas Navidades Inolvidables.
Lo mejor de todo, la escapada romántica-expréss a Antequera. Hacía falta un poco de tranquilidad, de risas, y de abrazos.
"La capacidad de reír juntas es el amor". (Françoise Sagan, adaptada para los tiempos que corren)
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Coffee Drama

lunes, 20 de diciembre de 2010
Necesidad de café de reflexión

Tanto trabajo, tanto en el tema profesional como en el personal, me han tenido muy ocupada durante todo este tiempo. El estrés se había implantado como acompañante habitual en mis jornadas de trabajo, y en lo personal tampoco ayudaba mucho.
Es el efecto dominó. Como cuando cae la primera ficha y empuja a la siguiente, y así sucesivamente hasta que llega a la final. A esa última ficha que ni se olía que iba a terminar cayendo como las demás.
Pues así me he visto yo en estos días, a veces como en una novela de intriga, otras como en un culebrón mejicano, otras como en un gag de Benny Hill, otras como en un episodio de Friends, otras como en una página de cómic, y también como en otra realidad paralela de lo que debería/podría haber hecho y no hice.
Me he visto desde diferentes puntos de vista del sujeto, como agente activo, como lectora, como oyente, a veces come cómplice, como otra persona que no era yo, como la proyección de mi yo más malo, tonto e insolente que siempre reluce cuándo no debe. Otras como Totó visionando las películas desde la sala de proyección y disfrutando con lo que ve.
Os preguntaréis que ha que viene todo esto, pues es el resumen de todos estos días. Que ni tiempo para actualizar he tenido.
No hay que decir que los cafés han ido y venido en una perfecta sintonía, perdiendo la facultad de agradar, para deleitarme con su capacidad para espabilar o simplemente calentar el gaznate que ha hecho mucho frio en la ciudad, y mi despacho parece la sede del polo norte.
Todo ese caos que se ha producido en mi vida, no me ha dejado ni un segundo para reflexionar, para pararme a pensar, para disfrutar de mis tiempos de meditación, tan necesarios. Es más a veces es un agravante de las situaciones desagradables de esas que no queremos que pasen pero terminan pasando.
Desafíos diarios, que miden tus fuerzas en este combate, que te dejan K.O. y otros que aguantas hasta el último round antes de caerte al suelo noqueada o levantar tu brazo en señal de victoria. Esos “challenges” de los que tanto hemos hablado en clases de inglés.
De vuelta a casa, veía la luz de la ciudad. No me podía identificar con ella. Supongo que falta sintonía, supongo que a partir de mañana cambia el visor, cambia los ritmos, los ciclos, y las cadencias. Supongo que mañana cambian los colores, olores y tactos. Mañana como concepto de tiempo próximo no definido.
Esperemos que sirva de paréntesis, aunque sea un corto período de tiempo. (Ojo, yo no me voy de vacaciones –sólo un par de días- pero que los otros lo hagan ayuda bastante). Esperemos que mañana el mundo se haya relajado, y aunque este tren siga adelante sin detenimiento, al menos que disfrutemos más del viaje. Que apreciemos la belleza del paisaje, y que recupere mis momentos de reflexión, de pensar y meditar y deje de ir a lo loco, diciendo lo que pienso sin pensar lo que digo.
"Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y del universo no estoy seguro" (A.E.)
viernes, 19 de noviembre de 2010
Café Rápido

(Casa
Trabajo
Casa
Inglés
Trabajo
Casa) x5
Sopa
Mezcla de café y té
Estrés
Dolor estomacal
Estrés
Recuerda que hay que hacer esto…
No te lo he dicho, al final no era así …
Dotes de pitonisa desarrollándose
Ganas de matar aumentando (relaja)
Recordando a Berlanga
Pensamiento: continuar con el montaje de “última”
¡¿Examen de inglés la semana que viene?!
Bueno, luego te llamo
Ahora no puedo hablar, si eso luego hablamos
Te echo de menos
Tengo ganas de verte
Planificación de todo para todo
Larga semana vs corto finde
¿Dónde están los long weekends de los que tanto hablamos últimamente?
El acto de diciembre (cha-chán)
Todos nos acordamos mucho de ella
Ganas de llegar pronto a casa
Ganas de acabar
Queriendo que los días tenga 30 horas
Rememorando las palabras de mi profesor en bachillerato: el día tiene 24 horas, 8 para dormir, 8 para estudiar y 8 para divertirte… “¡sí, hombre! Pues dime cómo”.
El colmo: no hay agua en la casa, arggg!!!!
PERO AL FIN: VIERNES
“-¿Cómo quieres el café?¿Sólo?¿Con leche?¿Azúcar?¿Sacarina?
- Rápido, lo quiero rápido.”
lunes, 25 de octubre de 2010
Save the last coffee for me
Mis amigos suelen decir que siempre tengo una canción para cada momento. Siempre tengo una salida musical para cada ocasión, es decir alguien una palabra concreta que a mí me recuerde a una canción que la contenga y empezar a tararearla. En ocasiones esos pequeños arranques interpretativos involuntarios suelen quitarle importancia al asunto que se está tratando, y en algunas ocasiones suelen ser el antídoto, la solución al problema. En otras, por el contrario, ese arranque interpretativo involuntario se cuela en el peor de los momentos y el efecto que crea es totalmente el opuesto, y es que hay gente que no tiene sentido del humor, o no perdona un tarareo fugitivo.
El nuevo sitio que he descubierto y elegido para comprar mi segundo café de la mañana para llevar, tiene su melodía propia. La primera mañana no le hice caso. A la segunda me llamó la atención. A la tercera mañana pensé que era casualidad. A la cuarta dije: “no me lo puedo creer”. Y sí señores, a las 09:55 a.m (una hora menos en Canarias) suena todas las mañanas en el hilo musical de la cafetería la siguiente canción (esto no se merece un hipervínculo en una palabra, esto se merece el link entero): http://www.youtube.com/watch?v=hL12IHK3-fk&ob=av2n
Y así, con esas me voy al trabajo, que no tengo yo nada en contra de este cantante, pese que a alguien que yo me conozco le guste tanto. Al principio pensaba que si no había más canciones en ese hilo musical para que siempre, y con puntualidad británica, suene esa precisamente. Aunque ahora me divierte, y me voy siempre canturreándola hasta subir al despacho.
Pero este fin de semana (que era lo que iba a contar yo) las canciones que sonaban en el hilo musical de mi casa (y mi cabeza) eran unas bien distintas. Y entre ellas, Save the last dance for me de The Drifters, una canción, a mi parecer, muy buena. Fácil de escuchar, al menos yo no me canso, y con una petición de lo más romántica y peculiar.
Y este fin de semana, me has reservado el último baile, pese a que no sepas y no te guste bailar. Pero, aunque me guste que me reserves el último baile, no soy una bailarina empedernida. Así que para que esta canción pueda incorporarse definitivamente a mi hilo musical personal, te haré una petición diferente:
Save the last coffee for me (y el primero de la mañana, que me sabe mejor cuando lo tomamos en compañía y con los ojos aun pegados de sueño)
"Aquél café de la madrugada, no fué tan placentero como aquella noche que dormí a tu lado" (Anónimo)
miércoles, 20 de octubre de 2010
El café migrañero y la intención de ir a la cervezoterapia

¡Ay! Si ya lo sabía yo , hoy no iba a ser una buena mañana, y mucho menos un buen día. El que me sentase mal el café de la mañana, mi dosis necesaria para arrancar, no era buena señal. Supongo que ha pesado más el cansancio acumulado y el salir a las tantas ayer de trabajar, que el escuchar esta mañana, que también tiene tela, la noticia de las personas mayores y su prohibición de jugar al bingo, ¡qué mal harán ellos! Por esa regla de tres mi abuela de pequeña solo intentaba que yo fuese una delincuente en potencia y no, simplemente, distraerme como creíamos tanto ella como yo.
Iba para el trabajo, con una mala cara, que por mucho aparentar, el mal cuerpo y el careto que gastaba no me lo quitaba nadie, y mucho menos engañaba a nadie. Las gafas de sol disimulaban mis ojeras, pero no podía estar toda la mañana con ellas puestas, aunque me hubiese gustado.
La simple idea de no poder tomarme otro café hasta después de comer me aterrorizaba, iba a ser incapaz, iba a resultarme imposible. Por eso y como iba con tiempo, porque Cuqui (mi perro) se ha encargado de despertarme 10 minutos antes de que sonase el despertador (detallazo por su parte pues un despertar suyo es mejor que el del despertador), he decidido tomarme un café, porque la idea de aguantar toda la mañana tomándome sólo un zumito, pues como que no.
Aún así, con mi dosis de cafeína revitalizadora, ha llegado. Hacía tiempo que no venía, hacía tiempo que no sabía de ella, pero hoy decidió aparecer. ¡Bienvenida Migraña! Y sí, tiene que ser Migraña esta vez y no Jaqueca, porque quiero, con mis instintos asesinos que afloran, arrancarme la cuenca del ojo derecho de cuajo.
Pero en fin, echado todo lo que me tenía que echar, hecho todo lo que tenía que hacer, y tomado todo lo “tomable” posible, que si me parase la policía daba positivo en estupefaciente fijo, pues pese a todo ello, ahí sigue cada vez más leve pero ahí sigue.
Pero nada, y mucho menos ella, me va a impedir ir a mi cita semanal de Cervezoterapia, cuando llegan las 6 de la tarde suelo cambiar cerveza por café, y la cervezoterapia de los miércoles, en ese bar al que nosotros le cambiamos el nombre porque nos gusta más, esa cita es imperdonable.
Seré buena y no tomaré cerveza, pero necesito la terapia semanal, aunque al menos sea para contar mis sueños sádico-terroríficos a modo de película con Juan Echanove, y es que supongo que eso de los sueños me lo tendría que mirar un especialista, porque sinceramente, lo que sueño no es normal. Algunos dicen que estoy loca, que es de psiquiatra lo mío, otros dicen que soy un genio y que no dejo de crear (pelotas), otros, y los más sinceros, dicen que es porque no descanso bien (teoría que más me convence). Y la verdad llevo así mucho tiempo, y puede que sea el motivo de la visita inesperada de Migraña, y puede que sea el motivo de mis “pajas mentales” y puede que sea el motivo de muchas más cosas.
Pero la verdad, y como dice el dicho (valga la redundancia) sarna con gusto no pica. Y no me veo sin café, sin cerveza y mucho menos sin mis sueños (una lleva tanto tiempo que ya se acostumbre a vivir noche tras noches historias cuanto menos curiosas).
Además, la cervezoterapia lo cura todo, si no lo habéis probado, hacedlo. Migraña se vendrá esta noche, y espero que se emborrache ella y me deje en paz para poder seguir disfrutando de la velada, que ya por hoy la he aguantado suficiente.
"Mi lucha por la existencia consiste en que a la hora del desayuno sea mucho más importante el aroma del café que las catástrofes que leo en el periódico abierto junto a las tostadas." (Manuel Vicent)
domingo, 10 de octubre de 2010
El aroma impregnado

"El mejor café, el que se toma en buena compañía"
P.D La foto es del delicioso café que nos tomamos en una carismática cafetería de Cracovia, cuando de repente nos sorprendió una tomenta en pleno mes de agosto.
jueves, 30 de septiembre de 2010
El mejor sabor

Ayer no hicieron falta cafés para mantenerme despierta. El estado de nervios me lo desató una llamada inesperada, para una entrevista impensable y una respuesta magnífica.
Ese estado de nervios fue experimentando una evolución un tanto curiosa. Del nerviosismo previo a esa entrevista, que te sube la moral al abrirse una puerta a una nueva oportunidad, al nerviosismo histérico de estar arreglada, de punta en blanco, para dicha entrevista una hora antes, sentada en tu sofá y mirando sin parar el reloj como si así las horas fuesen a pasar más rápido. De ese nerviosismo, pasé al nerviosismo del arrepentimiento: tenía que haber dicho esto, tenía que haber dicho aquello, no tenía que haber hecho ese gesto, mejor aquel otro…
Ese nerviosismo, pasó al estado de alerta de un “ya te llamaremos esta tarde” que me mantuvo con el corazón en un puño y que me hacía pegar un salto y tener una aceleración de las pulsaciones cardiacas cada vez que me sonaba el móvil. Mi propia imagen me recordaba a una María Esteve desesperada gritando al teléfono que sonase en la película “Nada en la Nevera” (dejó aquí el enlace, no he encontrado la escena concreta al a que me refiero, pero servirá para que os hagáis una idea a aquellos que no han visto la película -una película que me encanta y con la que me parto siempre que la veo-).
Pero al final pasó, la llamada llegó y la respuesta fue la mejor que podían escuchar mis oídos. Las manos me temblaban (y no debido a la ingesta de cafeína), la voz me salía temblorosa, lo había conseguido. Estaba que no podía contener la alegría, y una sonrisa me esbozaba de oreja a oreja. No me lo podía. No me lo puedo aún creer.
Las cosas vienen, sin más. Y ya era necesario, necesitaba un cambio, necesitaba resurgir, cuál ave Fénix, de mis cenizas. Necesitaba un golpe de suerte, y que las cosas empezasen a ir mejor.
Y el mejor sabor del día de hoy, no ha sido el de una taza de café, sino el que me han dejado mis compañeros del anterior trabajo. Una cálida despedida, que me ha hecho sentir todo el cariño que hemos estado cosechando conjuntamente todo este tiempo atrás.
"Tú crees en el ron del café, en los presagios, y crees en el juego; yo no creo más que en tus ojos azulados." (Paul Verlaine)
domingo, 26 de septiembre de 2010
Café de la tarde y esas cosas que es mejor no ver/no leer/no saber

Quizás el gato negro atropellado (una imagen bastante desagradable) que he visto en la puerta al entrar, o el pájaro muerto (negro también) que vi el otro día a la entrada de mi retorno a las clases de inglés, sean señales de un mal presagio, algo que se acumula a la serie de infortunios que se acometen en mi vida en estas últimas semanas.
He sido receptora de la noticia, casi por sorpresa, y sin esperármelo. Sin buscarlo ha llegado ante mí, algo que se creía superado (en proceso de cicatrización) y que podía haber seguido así, porque tener esa información sólo hace que te den ganas de patalear como un niño chico, y que entres en un estado de rabia al sentir como si te hubieran tomado el pelo (otra vez).
Cosas que mejor no saber, no enterarse, porque ya nada va a cambiar, ya no se puede.
Dicen que la ignorancia es felicidad, pues creo que en algunos casos, sí.
Este es el caso.
Si no hay café para todos, no habrá para nadie. (Ernesto “Ché” Guevara)
martes, 14 de septiembre de 2010
El café más amargo

Hace unos días (porque sí, solo han pasado unos días, aunque hayan sido tan intensos que parezcan una eternidad) me tomé los cafés más amargos de mi vida. Me tomaba cada tarde ese café viendo a mi lado como, a cada aliento cada vez más débil, se iba marchando poco a poco la persona que me enseñó a amar esta bebida.
Me enseñó a apreciarla, su sabor, su olor, sus tipos (que para eso en Málaga tenemos un nombre para cada tipo según la cantidad de café que contengan). Ella me recordaba que yo provenía de una familia “muy cafetera”, y eso siempre me hacía esbozar una sonrisa, al menos mi vicio estaba justificado, era la mejor de las herencias.
Nuestros encuentros siempre significaban un café de por medio, qué le íbamos a hacer, nos encantaba esa bebida, y sobretodo disfrutarla con los nuestros, otra de las herencias que más orgullosa me hacen sentir.
Ojalá nunca me hubiera tenido que tomar aquellos cafés, que por mucho que quisiera endulzarlos se amargaban con el dolor del momento.
Y ante la impotencia de no poder hacer nada más que dar mucho apoyo y amor, sólo me quedaba esperar, amarga espera, amargo sabor, amargo adiós.
“La venganza es como el café, por más azúcar que se le ponga, siempre deja un sabor amargo” (Anónimo).
miércoles, 28 de octubre de 2009
¿Un café?
Ayer fue la excusa, y me reencontré con una gran amiga, a la que veo muy de vez en cuando. Cada cual tomó su camino y únicamente podemos quedar para un café y una vez al año (con suerte, claro).
Un café lleno de nostalgia, de risas, de ilusión por planes futuros y de incertidumbre por qué nos depara el futuro realmente con el panorama actual. Fue un café de esos largos, pero que aún así, saben a poco.
Espero que en un futuro los médicos no nos recomienden tener que dejar el café, porque no quiero perder la oportunidad de tener esos reencuentros.
