Mostrando entradas con la etiqueta café. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta café. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de septiembre de 2011

Viernes que saben a lunes


Cada vez me cuesta más arrancar los motores cuando llega el viernes ¡ni que fuera lunes! Aunque sí tengo que reconocer que en estos momentos en los que no tienes nada que hacer, ni rutina, ni horarios ni nada, todos los días parecen iguales, pero ya podrían haber elegido otro día de la semana para ser igual, no que todos parecen lunes. Comienzan los días con la incertidumbre de si te llamarán de aquel trabajo, si te darán aquel encargo para diseñar, si saldrán las listas para entrar en este curso o en aquel otro. Y esperando esperando comienzan todas las mañanas, y terminan de la misma forma pensando en cómo va a ser el día siguiente, y así volvemos al insomnio, a los comederos de cabeza y a no dormir. Con lo que se consigue estar cansada a la mañana siguiente, y empezar afrontando un nuevo día con la incertidumbre de no saber qué va a pasar. En definitiva: como si fuera lunes.
La vida: una espiral, pero parece que últimamente mi espiral se ha cerrado y solamente doy vueltas en la misma dirección una y otra vez.

Este fin de semana toca desconectar. Nos han regalado una noche en una villa rural con una smartbox de esas, y a un pueblecito de Córdoba que nos vamos, para al día siguiente poder ir a Córdoba capital para pasar el día con la que nos ha hecho el regalo. Eternamente agradecida de lo será las únicas vacaciones para desconectar en mucho tiempo.

Espero venir el lunes (pero el lunes de verdad) con las pilas recargadas, la mente despejada y las horas de sueño recuperada. He conseguido que esta escapada sea un poco más "natural", y que la palabra senderismo por lo menos haya estado en las conversaciones (otra cosa es que se lleve a cabo) y es que a veces mi lado 100% urbanita necesita una pequeña escapada natural para resetear todo mi sistema operativo y poder empezar a funcionar bien de nuevo.

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos (W. Shakespeare)

martes, 28 de junio de 2011

Estar en las nubes...

Cuando decimos estar en las nubes, nos referimos a ese estado de ensoñación cuando estás despierto. Nos referimos a esa inopia en la que una se sumerge y no hay suficiente café en el mundo para que se despierte. Pero a mi me pasa que también estoy en las nubes incluso cuando sueño (toma ya que guay soy!) . Y eso hace posible un mal descanso con la consecuente "alobaera" durante todo el día. Mis amigos dicen que lo que me suele suceder durante el día no es normal, pero lo que me pasa por la mente una vez cierro los ojos tampoco lo es. Me acabo de unir en facebook a un grupo llamado "sueños que te hacen dudar de tu salud mental". Y es que así me siento yo, persona que intenta racionalizar todo aquello que se pueda racionalizar, intento siempre buscar un por qué a mis sueños: he soñado esto por este motivo, o con aquella persona por esto otro... pero aún así me pregunto... ¿y qué? Por mucho que encuentre la relación entre los sueños y los actos reales de mi vida, siempre me pregunto por qué se quedan en mi subconsciente esos datos y después salen a la luz a modo de sueños. Esa respuesta creo que nunca la tendré. Si Freud no pudo no creo que yo vaya a poder tampoco, ya que aprobé la filosofía en el instituto a base de muchos "cigarritos de la risa", piardas, novillos o pellas varias (como lo quieran llamar) y con una mente bastante fantasiosa. Lo mejor es no pensar el por qué soñamos esas cosas, porque no creo que nunca vayamos a encontrar la respuesta absoluta o que nos convenza. Por eso lo mejor es contárselo a tus amigos, echar unas risas a tu costa, y por qué no, algo que me han sugerido en muchas ocasiones, apuntarlos para que me puedan servir de base para el guión de mi próximo corto. La foto va dedicada a eso de estar en las nubes, pero debido al día de ayer las nubes son de chucherías porque así me alegraron ayer endulzándome la tarde, y por el día de hoy las nubes son de colorines, por todos aquellos que no entienden el día del orgullo. Señores yo estoy orgullosa todos los días del año, el que se dedique un día al año es simplemente para reivindicar la lucha contra la represión, discriminación y rechazo que hemos sufrido y aún sufrimos -hay que recordar que la ley es una cosa y que la mentalidad de la sociedad es otra, y que en muchos países aún se pena con muerte- por el simple hecho de amar a personas de nuestro mismo sexo.



"¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son." (Calderón de la Barca)

martes, 21 de junio de 2011

Café a contratiempo



Se vuelve a la rutina, se vuelve al reloj, a que las manillas midan a cada segundo el tiempo que está pasando. Ese tiempo que no vuelve. Según el consejo de un amigo mío, en períodos de vacaciones no llevo reloj, me lo sugirió una vez y cuando lo llevas a cabo engancha y mucho. Ahora día tras día siento que el reloj se adhiere a mi muñeca a modo de grillete y no cada vez lo aguanto menos. Yo siempre he sido de llevar reloj, de controlar el tiempo, de intentar dirigirlo pero sin duda, cada vez que pasan más los días, los meses, los años te das cuenta que es inútil, que el que lo controla todo es él con su tic-tac que a más de una le resulta insoportable.

El hecho es que ahora el reloj va a contratiempo, cada segundo que pasa es uno más que se resta. Sabes que tiene una fecha de caducidad pero eso no quita que no vayas a sentir esa vertiginosa pérdida del tiempo. Mi tío me comentó una vez que la vida son etapas, etapas que empiezan y que acaban. Qué razón tiene.

Sin duda, cada vez soy más consciente que es inútil luchar contra el tiempo. No vuelve, y cada segundo es irrepetible. Pasa rápido, cada año más rápido. Revives acontecimientos que sucedieron en esas mismas fechas en años pasados, pero sabes que no se vuelven a repetir, que son simplemente fantasmas del recuerdo. No eres la misma persona, hoy eres más completo de la experiencia que pasó, no son las mismas circunstancias y no es el mismo tiempo.

En resumidas cuentas, no sé por qué reflexiono últimamente tanto sobre esto. Hoy de camino al trabajo he visto la, esa Plaza de la Libertad como se ha estado llamando durante todo este largo mes, y que hoy estaba vacía. Era inevitable no quedarse mirándola y sintiéndola extraña. Pero uno se acostumbra. Nos acostumbramos a verla como cama para los soñadores que motorizaron el movimiento 15m en Málaga, y supongo que nos acostumbraremos a verla nuevamente vacía. Nos acostumbramos a no volver a ver caras, ni oír voces, nos acostumbramos a circular por el carril bici, a llevar casco, a no fumar en los bares… todo es cuestión de acostumbrarse. Somos seres amoldables (que no conformistas) y supongo que me tendré que amoldar a que sea el tiempo el que controle, pues la acción inversa es totalmente imposible, por lo menos ya no está tanto en mis manos como creía que estaba.

Sólo me queda pensar y aplicar la frase que allá por 2004 leí en un bar de Madrid llamado “Las cuevas de Sésamo” creo recordar, y que decía así:

"No hay cura para el nacimiento y la muerte, excepto disfrutar del intervalo". (Santayana)




sábado, 7 de mayo de 2011

No por mucho madrugar... patada en los cojones


Sábado por la mañana, y más fresca que una rosa pese a que anoche me dieron las tantas...(eso sí, supongo que sarna con gusto no pica, ya lo sé). Y sin poder evitarlo me viene a la cabeza uno de tantos refranes del refranero español "No por mucho madrugar..." eso sí, esta vez elijo la terminación que un amigo mío un día me propuso: "Termina todos los refranes que conozcas con "patada en lo cojones" verás tu cómo le pega". Y así nos tiramos la noche que nos lo contó, todos alrededor de la mesa, con nuestros gin-tonic y repasando uno por uno todo el refranero con la nueva terminación. Probádlo, funciona.
Y así de esta manera, al despertar a esas horas tan tempranas (el cuerpo parece que se habitúa muy rápido a despertarse temprano incluso cuando no se debe) he sentido como la mañana me daba una patada en los cojones. Literalmente me ha tirado de la cama, no sé si el inconsciente, o el cargo de conciencia ha sido el culpable, el hecho es que aquí me hallo con los ojos como platos ya que el café se vuelve a introducir en mi vida poco a poco (era cuestión de tiempo que volviésemos a retomar la amistad, cuando se abusa mucho de algo termina deteriorándose), y los efectos hacen mejor su cometido ahora que antes.
He desempolvado mi guitarra, y he decidido que esta mañana será rockera para que comience como terminará la noche: "vetusteando por la ciudad"
Está bien haber estado este tiempo descargando totalmente la batería para que se vuelva a cargar completamente de nuevo. Dicen que es recomendable hacerlo con los aparatos eléctricos, y creo que con nosotros también.

¡¡Buen sábado a todos!!

"El hombre es energía dirigida con inteligencia" (Anónimo)




martes, 1 de febrero de 2011

Café tranquilo



Saboreo su esencia, después de tanto tiempo sin hacerlo.No he dejado de beber café, pero a veces se olvida saborearlo. Cómo a veces se olvida saborear la vida. Estamos demasiados pendientes de echarle azúcar, de pedir que lleve leche, de que no se nos quede frío, de añadirle el chorrito de alcohol o de echarle hielo. Depende de lo que se adecúe mejor a cada momento, sin pararnos a pensar en lo que nos apetezca más. A veces simplemente eres como esa pelusa (o esa bola de pelo) que te dejas llevar por la corriente. A veces con esa libertad, otras con esa opresión como cuando aún estando en la décima fila, apareces en la primera al terminar el concierto. Movimientos en los que tú no tienes ningún control. Es difícil saborear los momentos cuando vienen así.La otra noche, hablando parte del consejo de sabios, me quedé pensando en una cosa que allí se dijo: ser conscientes (al menos por unos cuantos minutos) de lo que estamos haciendo en cada momento.
Esto es algo que me pasa a menudo, y supongo que al resto de los mortales también. Cuántas veces estamos pensando en otras cosas cuando nos hablan, cuando estamos trabajando, cuando estamos viendo la tele… cuantas veces vamos a los sitios, no paseamos, no miramos a nuestro alrededor.
Alguien me preguntó el otro día si me había subido alguna vez en una de esas mega-montañas rusas de esos mega-parques de atracciones, y me preguntó que qué se sentía, qué como era. Yo le dije que no te enterabas de nada, que lo peor era la subida del primer tramo porque ibas pensando todo el rato que pronto tocaría bajar. Y por supuesto la inminente bajada… después todos esos remolinos, loopings y demás apenas se notan. Van tan rápidos o simplemente porque aún tienes la cabeza en la primera bajada que apenas te das cuenta.
Vivamos la vida conscientes de cada movimiento que hacemos, e incluso que el tiempo que dediquemos para reflexionar, sea sólo para eso.
Disfrutemos la vida, como yo estoy disfrutando este café: saboreándolo, dejando que su aroma impregne la habitación y dejando que su calor haga más amena esta fría mañana.


"Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas". (B.Pascal)

jueves, 30 de diciembre de 2010

Café Navideño


Llevo varios días intentado actualizar, pero es que las ideas se me agolpan y las palabras no quieren salir.

Llegó la Navidad, comidas familiares, buenas caras, regalos, apariencia, villancicos. Llegó todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Pero este año todos sabíamos que serían un poco más tristes de lo normal aunque intentásemos disimularlo. Pues bien, no es que no la hayamos echado de menos, es que han pasado tantas cosas que no hemos podido ni parar un momento.

Mi 24 de diciembre comenzó así:

10:00  A la petición de: “Ya que tienes que pasar por mi casa para ir a la reunión, te importa acercarme el regalo de mis padres” y yo contestar que sí. Desviación de camino, aparcamiento, subida escaleras, beso de buenos días, entrega de regalo a sus padres con el encuentro de SU padre en el portal y yo con una bolsa con un regalo dentro: Buenos días.

Baja las escaleras, me dirijo al punto de encuentro.

10:45 No hay nadie.

10:50 Toque a mi jefe en plan “ya he llegado”.

10:55 Llamada de mi jefe diciéndome que qué quiero y que qué hago estando allí tan temprano. Se creía que era una hora menos, sí, como en Canarias.

11:30 Empieza la reunión.

14:30 Termina la reunión.

14:45 Cola del Burguer-Auto (paso de hacer publicidad que no me pagan por eso) para comer algo porque la peluquería la tengo a las 3

15:00 Peluquería.

15:45 camino de esos grandes almacenes (que tampoco me pagan por hacerles publicidad) para ultimar las compras y a recoger mi nueva cámara que ya ha llegado.

16:30 ¡Qué cola para recoger la puta cámara, qué todo el  mundo se ha puesto de acuerdo y viene a lo mismo!

16:35 Llamada de mi hermana por si puedo ir a recogerla. Fatalidad al frente (problemas personales, hasta aquí puedo leer)

17:00 Subo para hacer el seguro de mi “camarón de la isla” y me atiende la dependienta-Rudolf, que la alergia la estaba matando y yo con el estrés no daba pié con bolo.

17:35 Me echa más edad de la que tengo y ya no me cae tan bien ¬¬

18:00 Recogida de mi hermana y papelón. Esos momentos en los que no sabes qué decir y sólo te salen comentarios estúpidos para intentar quitarle crispación al asunto.

19:10 Llegada a casa (por fin) damos los regalos, y como suponía mi madre iba a descambiar el mío, no debería de afectarme porque siempre lo hace, en fin.

19:30Tienes que recoger a tu abuela que le dije a las 19:00.

- Con lo bien que acababa de aparcar el coche….

20:00 Llegada a casa de nuevo (esta vez de verdad). Mi objetivo: la ducha.

20:30 - Hay que ver que no me has ayudado a preparar nada de la Cena.

Perpleja me muerdo la lengua, a lo mejor mi madre no se ha percatado que acabo de llegar, todo es posible.

20:45 Vemos las actuaciones de Navidad de los alumnos de mi hermana, trae más vino dulce de ese que me regaló mi jefe que aunque llegue tarde a las reuniones, por esto se lo perdono.

21:00 Los 15 minutos más largos de mi existencia, el cámara tenía parkinson y se movía más que “un garbanzo en la boca de un viejo” (expresión malaguita donde las haya).

21:10 Cena. Sí, mi casa tiene que tener algún antecedente anglosajón porque las comidas siempre se hacen a horas muy tempranas.

22:00 Visionado "Especial de Rafael" (¡qué raro!)

22:30 Me tomo un café para aguantar la noche que aún me espera.

23:00 Mi padre llega de trabajar (Bien, ya me puedo ir).

23:05 Convencer a tu hermana de que lo mejor es dormir en casa y así tu no tener que llevarla a la suya que está en la otra punta de la ciudad (20 min en coche) y ya tienes bastante con llevar a tu tío (15 min en coche).

23:10 -¿Me das cobijo para dormir esta noche en tu casa cuándo volvamos de marcha? Si no tengo que dormir en el sofá porque mi casa está over-booking (convencimos a mi hermana) 

00:00 De camino en coche hasta mi destino de pernoctación. La sucesión de hechos esperpénticos (cosas que mejor me callo) me hacen pegar gritos y reír a carcajadas mientras voy conduciendo. ¿Qué otra cosa me queda? ¿No me voy a poner a llorar, no?

00:15 Llegada a casa de la persona que más ganas tenía de ver esa noche.

- Hace mucho frío para salir al centro, nos quedamos aquí calentitas y vemos

un capitulillo de “Médium”.

- ¡Vale!

No me lo pensé dos veces, hubiera visto hasta el Sálvame con tal de un poquito de tranquilidad.

 

En fin. Qué Feliz Navidad a todos. O Feliz Falsedad (como decía el villancico de Ska-p). Yo me siento como en las novelas de Valle-Inclán, con mis Navidades esperpénticas, qué cosas más raras están pasando… sin dudas unas Navidades Inolvidables.

Lo mejor de todo, la escapada romántica-expréss a Antequera. Hacía falta un poco de tranquilidad, de risas, y de abrazos.


"La capacidad de reír juntas es el amor". (Françoise Sagan, adaptada para los tiempos que corren)



 

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Coffee Drama


No more Drama!
Esta es una frase que escuché en la serie "The L word". Me hizo mucha gracia la primera vez que escuché esa expresión. Creía que sólo esas cosas pasaban en las series, en la ficción, en esa pantallita que nos hace olvidar por unos minutos de nuestras propias historias para fijarnos en las de los otros. Un término no aplicable a la vida real. De ahí las palabras como dramaturgia, dramaturgo, dramático, siempre todo vinculado con creaciones de ficción, sean en el formato que sea. 
Pues o mi vida se está convirtiendo en una serie de televisión (espero que no llegue a culebrón de sobremesa) o esta profesión mía me hace confundir términos, y voy difuminando realidad con ficción. 
Pues aunque se dijese en dicha serie que a veces la vida es: drama, drama, drama (todo esto con acento americano como lo decían ellas). Yo voy a gritar en mi acento malagueño: ¡No more drama! (Eso sí, acento malagueño pero en inglés que para eso estoy liada de nuevo con las clases).
En nuestra profesión es muy común eso de que: La realidad supera con creces a la ficción. Pues va a ser que sí.




"En estos días inciertos en los que vivir es un arte" (Celtas Cortos)



lunes, 20 de diciembre de 2010

Necesidad de café de reflexión


Tanto trabajo, tanto en el tema profesional como en el personal, me han tenido muy ocupada durante todo este tiempo. El estrés se había implantado como acompañante habitual en mis jornadas de trabajo, y en lo personal tampoco ayudaba mucho.
Es el efecto dominó. Como cuando cae la primera ficha y empuja a la siguiente, y así sucesivamente hasta que llega a la final. A esa última ficha que ni se olía que iba a terminar cayendo como las demás.
Pues así me he visto yo en estos días, a veces como en una novela de intriga, otras como en un culebrón mejicano, otras como en un gag de Benny Hill, otras como en un episodio de Friends, otras como en una página de cómic, y también como en otra realidad paralela de lo que debería/podría haber hecho y no hice.
Me he visto desde diferentes puntos de vista del sujeto, como agente activo, como lectora, como oyente, a veces come cómplice, como otra persona que no era yo, como la proyección de mi yo más malo, tonto e insolente que siempre reluce cuándo no debe. Otras como Totó visionando las películas desde la sala de proyección y disfrutando con lo que ve.
Os preguntaréis que ha que viene todo esto, pues es el resumen de todos estos días. Que ni tiempo para actualizar he tenido.
No hay que decir que los cafés han ido y venido en una perfecta sintonía, perdiendo la facultad de agradar, para deleitarme con su capacidad para espabilar o simplemente calentar el gaznate que ha hecho mucho frio en la ciudad, y mi despacho parece la sede del polo norte.
Todo ese caos que se ha producido en mi vida, no me ha dejado ni un segundo para reflexionar, para pararme a pensar, para disfrutar de mis tiempos de meditación, tan necesarios. Es más a veces es un agravante de las situaciones desagradables de esas que no queremos que pasen pero terminan pasando.
Desafíos diarios, que miden tus fuerzas en este combate, que te dejan K.O. y otros que aguantas hasta el último round antes de caerte al suelo noqueada o levantar tu brazo en señal de victoria. Esos “challenges” de los que tanto hemos hablado en clases de inglés.
De vuelta a casa, veía la luz de la ciudad. No me podía identificar con ella. Supongo que falta sintonía, supongo que a partir de mañana cambia el visor, cambia los ritmos, los ciclos, y las cadencias. Supongo que mañana cambian los colores, olores y tactos. Mañana como concepto de tiempo próximo no definido.
Esperemos que sirva de paréntesis, aunque sea un corto período de tiempo. (Ojo, yo no me voy de vacaciones –sólo un par de días- pero que los otros lo hagan ayuda bastante). Esperemos que mañana el mundo se haya relajado, y aunque este tren siga adelante sin detenimiento, al menos que disfrutemos más del viaje. Que apreciemos la belleza del paisaje, y que recupere mis momentos de reflexión, de pensar y meditar y deje de ir a lo loco, diciendo lo que pienso sin pensar lo que digo.

"Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y del universo no estoy seguro" (A.E.)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Café Rápido


(Casa

Trabajo

Casa

Inglés

Trabajo

Casa) x5

Sopa

Mezcla de café y té

Estrés

Dolor estomacal

Estrés

Recuerda que hay que hacer esto…

No te lo he dicho, al final no era así …

Dotes de pitonisa desarrollándose

Ganas de matar aumentando (relaja)

Recordando a Berlanga

Pensamiento: continuar con el montaje de “última”

¡¿Examen de inglés la semana que viene?!

Bueno, luego te llamo

Ahora no puedo hablar, si eso luego hablamos

Te echo de menos

Tengo ganas de verte

Planificación de todo para todo

Larga semana vs corto finde

¿Dónde están los long weekends de los que tanto hablamos últimamente?

El acto de diciembre (cha-chán)

Todos nos acordamos mucho de ella

Ganas de llegar pronto a casa

Ganas de acabar

Queriendo que los días tenga 30 horas

Rememorando las palabras de mi profesor en bachillerato: el día tiene 24 horas, 8 para dormir, 8 para estudiar y 8 para divertirte… “¡sí, hombre! Pues dime cómo”.

El colmo: no hay agua en la casa, arggg!!!!

 

PERO AL FIN: VIERNES

 

“-¿Cómo quieres el café?¿Sólo?¿Con leche?¿Azúcar?¿Sacarina?

- Rápido, lo quiero rápido.”

lunes, 25 de octubre de 2010

Save the last coffee for me




Mis amigos suelen decir que siempre tengo una canción para cada momento. Siempre tengo una salida musical para cada ocasión, es decir alguien una palabra concreta que a mí me recuerde a una canción que la contenga y empezar a tararearla. En ocasiones esos pequeños arranques interpretativos involuntarios suelen quitarle importancia al asunto que se está tratando, y en algunas ocasiones suelen ser el antídoto, la solución al problema. En otras, por el contrario, ese arranque interpretativo involuntario se cuela en el peor de los momentos y el efecto que crea es totalmente el opuesto, y es que hay gente que no tiene sentido del humor, o no perdona un tarareo fugitivo.
El nuevo sitio que he descubierto y elegido para comprar mi segundo café de la mañana para llevar, tiene su melodía propia. La primera mañana no le hice caso. A la segunda me llamó la atención. A la tercera mañana pensé que era casualidad. A la cuarta dije: “no me lo puedo creer”. Y sí señores, a las 09:55 a.m (una hora menos en Canarias) suena todas las mañanas en el hilo musical de la cafetería la siguiente canción (esto no se merece un hipervínculo en una palabra, esto se merece el link entero):
http://www.youtube.com/watch?v=hL12IHK3-fk&ob=av2n
Y así, con esas me voy al trabajo, que no tengo yo nada en contra de este cantante, pese que a alguien que yo me conozco le guste tanto. Al principio pensaba que si no había más canciones en ese hilo musical para que siempre, y con puntualidad británica, suene esa precisamente. Aunque ahora me divierte, y me voy siempre canturreándola hasta subir al despacho.
Pero este fin de semana (que era lo que iba a contar yo) las canciones que sonaban en el hilo musical de mi casa (y mi cabeza) eran unas bien distintas. Y entre ellas, Save the last dance for me de The Drifters, una canción, a mi parecer, muy buena. Fácil de escuchar, al menos yo no me canso, y con una petición de lo más romántica y peculiar.
Y este fin de semana, me has reservado el último baile, pese a que no sepas y no te guste bailar. Pero, aunque me guste que me reserves el último baile, no soy una bailarina empedernida. Así que para que esta canción pueda incorporarse definitivamente a mi hilo musical personal, te haré una petición diferente:
Save the last coffee for me (y el primero de la mañana, que me sabe mejor cuando lo tomamos en compañía y con los ojos aun pegados de sueño)



"Aquél café de la madrugada, no fué tan placentero como aquella noche que dormí a tu lado" (Anónimo)


miércoles, 20 de octubre de 2010

El café migrañero y la intención de ir a la cervezoterapia


¡Ay! Si ya lo sabía yo , hoy no iba a ser una buena mañana, y mucho menos un buen día. El que me sentase mal el café de la mañana, mi dosis necesaria para arrancar, no era buena señal. Supongo que ha pesado más el cansancio acumulado y el salir a las tantas ayer de trabajar, que el escuchar esta mañana, que también tiene tela, la noticia de las personas mayores y su prohibición de jugar al bingo, ¡qué mal harán ellos! Por esa regla de tres mi abuela de pequeña solo intentaba que yo fuese una delincuente en potencia y no, simplemente, distraerme como creíamos tanto ella como yo.

Iba para el trabajo, con una mala cara, que por mucho aparentar, el mal cuerpo y el careto que gastaba no me lo quitaba nadie, y mucho menos engañaba a nadie. Las gafas de sol disimulaban mis ojeras, pero no podía estar toda la mañana con ellas puestas, aunque me hubiese gustado.

La simple idea de no poder tomarme otro café hasta después de comer me aterrorizaba, iba a ser incapaz, iba a resultarme imposible. Por eso y como iba con tiempo, porque Cuqui (mi perro) se ha encargado de despertarme 10 minutos antes de que sonase el despertador (detallazo por su parte pues un despertar suyo es mejor que el del despertador), he decidido tomarme un café, porque la idea de aguantar toda la mañana tomándome sólo un zumito, pues como que no.

Aún así,  con mi dosis de cafeína revitalizadora, ha llegado. Hacía tiempo que no venía, hacía tiempo que no sabía de ella, pero hoy decidió aparecer. ¡Bienvenida Migraña! Y sí, tiene que ser Migraña esta vez y no Jaqueca, porque quiero, con mis instintos asesinos que afloran, arrancarme la cuenca del ojo derecho de cuajo.

Pero en fin, echado todo lo que me tenía que echar, hecho todo lo que tenía que hacer, y tomado todo lo “tomable” posible, que si me parase la policía daba positivo en estupefaciente fijo, pues pese a todo ello, ahí sigue cada vez más leve pero ahí sigue.

Pero nada, y mucho menos ella, me va a impedir ir a mi cita semanal de Cervezoterapia, cuando llegan las 6 de la tarde suelo cambiar cerveza por café, y la cervezoterapia de los miércoles, en ese bar al que nosotros le cambiamos el nombre porque nos gusta más, esa cita es imperdonable.

Seré buena y no tomaré cerveza, pero necesito la terapia semanal, aunque al menos sea para contar mis sueños sádico-terroríficos a modo de película con Juan Echanove, y es que supongo que eso de los sueños me lo tendría que mirar un especialista, porque sinceramente, lo que sueño no es normal. Algunos dicen que estoy loca, que es de psiquiatra lo mío, otros dicen que soy un genio y que no dejo de crear (pelotas), otros, y los más sinceros, dicen que es porque no descanso bien (teoría que más me convence). Y la verdad llevo así mucho tiempo, y puede que sea el motivo de la visita inesperada de Migraña, y puede que sea el motivo de mis “pajas mentales” y puede que sea el motivo de muchas más cosas.

Pero la verdad, y como dice el dicho (valga la redundancia) sarna con gusto no pica. Y no me veo sin café, sin cerveza y mucho menos sin mis sueños (una lleva tanto tiempo que ya se acostumbre a vivir noche tras noches historias cuanto menos curiosas).

Además, la cervezoterapia lo cura todo, si no lo habéis probado, hacedlo. Migraña se vendrá esta noche, y espero que se emborrache ella y me deje en paz para poder seguir disfrutando de la velada, que ya por hoy la he aguantado suficiente.

"Mi lucha por la existencia consiste en que a la hora del desayuno sea mucho más importante el aroma del café que las catástrofes que leo en el periódico abierto junto a las tostadas." (Manuel Vicent)

domingo, 10 de octubre de 2010

El aroma impregnado


Sábado por la mañana, bueno, técnicamente sería más correcto decir al mediodía, todo en silencio, sólo las gotas de lluvia golpeando en los cristales rompe el silencio en la habitación. No hay prisas, ni despertadores, ni cargo de conciencia que nos impida seguir durmiendo. Despertamos silenciosamente y sorprendidas al mirar el reloj. Hacía mucho tiempo que no disfrutábamos de un sábado así, sólo para nosotras. Nos dirigimos casi por inercia hacia la cocina para meternos nuestra dosis de cafeína diaria, pero hoy sabe diferente. Hoy se bebe sólo por placer. El aroma del café impregna nuestra mañana de sábado, y nos marca las pausas que hemos de seguir para disfrutar de esa mañana, que ambas sabemos, tardará mucho en repetirse. Una mañana marcada por la lluvia, el café, y el modelado de plastilina que nos hace disfrutar como unas niñas pequeñas. Nada más importa. Desayuno a la hora de comer, almuerzo a la hora de merendar. No tiene manillas nuestro reloj en el día de hoy, nosotras marcamos el ritmo. Y para terminar, el mejor de los finales, pese a que la noche se interrumpiese porque nos volvió a atrapar el reloj, el cargo de conciencia, y el despertador que sonaría a la mañana siguiente.

"El mejor café, el que se toma en buena compañía"

P.D La foto es del delicioso café que nos tomamos en una carismática cafetería de Cracovia, cuando de repente nos sorprendió una tomenta en pleno mes de agosto.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El mejor sabor


Ayer no hicieron falta cafés para mantenerme despierta. El estado de nervios me lo desató una llamada inesperada, para una entrevista impensable y una respuesta magnífica.
Ese estado de nervios fue experimentando una evolución un tanto curiosa. Del nerviosismo previo a esa entrevista, que te sube la moral al abrirse una puerta a una nueva oportunidad, al nerviosismo histérico de estar arreglada, de punta en blanco, para dicha entrevista una hora antes, sentada en tu sofá y mirando sin parar el reloj como si así las horas fuesen a pasar más rápido. De ese nerviosismo, pasé al nerviosismo del arrepentimiento: tenía que haber dicho esto, tenía que haber dicho aquello, no tenía que haber hecho ese gesto, mejor aquel otro…
Ese nerviosismo, pasó al estado de alerta de un “ya te llamaremos esta tarde” que me mantuvo con el corazón en un puño y que me hacía pegar un salto y tener una aceleración de las pulsaciones cardiacas cada vez que me sonaba el móvil. Mi propia imagen me recordaba a una María Esteve desesperada gritando al teléfono que sonase en la película “Nada en la Nevera” (dejó aquí el enlace, no he encontrado la escena concreta al a que me refiero, pero servirá para que os hagáis una idea a aquellos que no han visto la película -una película que me encanta y con la que me parto siempre que la veo-).
Pero al final pasó, la llamada llegó y la respuesta fue la mejor que podían escuchar mis oídos. Las manos me temblaban (y no debido a la ingesta de cafeína), la voz me salía temblorosa, lo había conseguido. Estaba que no podía contener la alegría, y una sonrisa me esbozaba de oreja a oreja. No me lo podía. No me lo puedo aún creer.
Las cosas vienen, sin más. Y ya era necesario, necesitaba un cambio, necesitaba resurgir, cuál ave Fénix, de mis cenizas. Necesitaba un golpe de suerte, y que las cosas empezasen a ir mejor.
Y el mejor sabor del día de hoy, no ha sido el de una taza de café, sino el que me han dejado mis compañeros del anterior trabajo. Una cálida despedida, que me ha hecho sentir todo el cariño que hemos estado cosechando conjuntamente todo este tiempo atrás.

"Tú crees en el ron del café, en los presagios, y crees en el juego; yo no creo más que en tus ojos azulados." (Paul Verlaine)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Café de la tarde y esas cosas que es mejor no ver/no leer/no saber





Sin duda la necesidad de beberme este café de la tarde no es cuestionable, pese a mis malestares estomacales de los últimos días। Las pocas horas de sueño diarias venideras de la visita a la mente de recuerdos, preocupaciones y estreses varios, me hacen que venga a trabajar haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantener los ojos abiertos, con lo cual este café es más que necesario (si se pudiera diría que me lo inyectasen directamente en vena).

Quizás el gato negro atropellado (una imagen bastante desagradable) que he visto en la puerta al entrar, o el pájaro muerto (negro también) que vi el otro día a la entrada de mi retorno a las clases de inglés, sean señales de un mal presagio, algo que se acumula a la serie de infortunios que se acometen en mi vida en estas últimas semanas.
He sido receptora de la noticia, casi por sorpresa, y sin esperármelo. Sin buscarlo ha llegado ante mí, algo que se creía superado (en proceso de cicatrización) y que podía haber seguido así, porque tener esa información sólo hace que te den ganas de patalear como un niño chico, y que entres en un estado de rabia al sentir como si te hubieran tomado el pelo (otra vez).
Cosas que mejor no saber, no enterarse, porque ya nada va a cambiar, ya no se puede.
Dicen que la ignorancia es felicidad, pues creo que en algunos casos, sí.
Este es el caso.


Si no hay café para todos, no habrá para nadie. (Ernesto “Ché” Guevara)

martes, 14 de septiembre de 2010

El café más amargo


Hace unos días (porque sí, solo han pasado unos días, aunque hayan sido tan intensos que parezcan una eternidad) me tomé los cafés más amargos de mi vida. Me tomaba cada tarde ese café viendo a mi lado como, a cada aliento cada vez más débil, se iba marchando poco a poco la persona que me enseñó a amar esta bebida.
Me enseñó a apreciarla, su sabor, su olor, sus tipos (que para eso en Málaga tenemos un nombre para cada tipo según la cantidad de café que contengan). Ella me recordaba que yo provenía de una familia “muy cafetera”, y eso siempre me hacía esbozar una sonrisa, al menos mi vicio estaba justificado, era la mejor de las herencias.
Nuestros encuentros siempre significaban un café de por medio, qué le íbamos a hacer, nos encantaba esa bebida, y sobretodo disfrutarla con los nuestros, otra de las herencias que más orgullosa me hacen sentir.

Ojalá nunca me hubiera tenido que tomar aquellos cafés, que por mucho que quisiera endulzarlos se amargaban con el dolor del momento.

Y ante la impotencia de no poder hacer nada más que dar mucho apoyo y amor, sólo me quedaba esperar, amarga espera, amargo sabor, amargo adiós.

“La venganza es como el café, por más azúcar que se le ponga, siempre deja un sabor amargo” (Anónimo).

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Un café?

Un café. Estas dos palabras tienen un gran poder. Se convierten en la excusa perfecta, para hablar, para arreglar las cosas, para discutir, para trabajar, para pasar el rato, para escapar, o simplemente para disfrutar del sabor de esta bebida. Lo que realmente es cierto, es que el hecho de tomar un café, lleva implícito unas denotaciones que no conlleva el beber cualquier otro tipo de bebida.
Ayer fue la excusa, y me reencontré con una gran amiga, a la que veo muy de vez en cuando. Cada cual tomó su camino y únicamente podemos quedar para un café y una vez al año (con suerte, claro).
Un café lleno de nostalgia, de risas, de ilusión por planes futuros y de incertidumbre por qué nos depara el futuro realmente con el panorama actual. Fue un café de esos largos, pero que aún así, saben a poco.
Espero que en un futuro los médicos no nos recomienden tener que dejar el café, porque no quiero perder la oportunidad de tener esos reencuentros.
"Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo"